Manuel de Francisco Egido. Aquel que quiera cazar cochinos de espera tiene que tener necesariamente paciencia y constancia. Y si además puede ser él mismo el que registre el monte y las señales que los guarros nos dejan; mucho mejor. El guarro de espera que de verdad nos deja un recuerdo imborrable es aquel que se trabaja el cazador poco a poco; primero localiza la zona por donde se mueve, después prepara el puesto, y después de algunas noches de no ver nada o como mucho primalones o alguna cochina, por fín lo ve. Sólo ese guarro merece una tablilla para sus colmillos colgada en el rincón más querido de nuestra casa.
180 páginas.
25,00 €